Por: Steven Cardona – Comunicaciones Pastoral Social de Cali
Yonier Cuero ingresó al barrismo desde los 10 años de edad. En medio de la música, el arte y todo el carnaval propio del ambiente futbolero encontró el camino que deseaba trasegar a lo largo de su vida. Una decisión que hoy hace que tenga su corazón dividido entre sus dos grandes amores: el América de Cali y el trabajo comunitario.
Con una sonrisa gigantesca, asegura que desde los 16 años, en conjunto con otros jóvenes, empezó a pensarse cómo trabajar a favor de la comunidad. Desde esa inquietud, inició con la creación de varios grupos de teatro, lo que le permitió desarrollar espacios para mostrarle a los jóvenes del Distrito de Aguablanca alternativas constructivas para emplear mejor su tiempo libre.
Sin embargo, Yonier asegura que el momento exacto en el que surgió su liderazgo más fuerte fue estando dentro del Distrito Popular, uno de los bloques que integra la barra del Barón Rojo Sur. “Varios jóvenes después de pasar por muchas dinámicas de violencia, tomamos la decisión de enfocarnos en el barrismo social, y a partir de allí poder crear programas en nuestros territorios, partiendo de esas carencias que nosotros tuvimos de niños. Es así como nació la escuelita popular, el Fundeporte y la Escuela Futbolera, en donde les enseñamos a los niños y jóvenes a tener esa concepción social que se puede gestar desde el fútbol”.
Misterio, como es conocido Yonier en su barrio, quizás por su parecido físico con el emblemático y ya fallecido barrista del América, es hoy gestor del comedor comunitario Nutrilonchera II, en el barrio San Luis II. En torno a ese espacio ha logrado unir a su comunidad, sin importar si son del rojo o del verde. Un poco de esto se evidencia cuando llega el mercado y los beneficiarios forman una cadena humana para ayudar a subir los alimentos al segundo piso donde queda el comedor.
Yonier ha sentado en una misma mesa a jóvenes barras ‘escarlatas’ y ‘azucareros’, generando dinámicas de sana convivencia entre ellos, apostando por lo que él llama la resignificación de los barristas. “Nosotros hemos creído en la resignificación del joven barra, muchas veces los señalan de ser unos vagos y los mandan a que el equipo les dé de comer. Nosotros somos la muestra de que con un buen trabajo, con orden, disciplina, amor hacia nosotros mismos, amor hacia la comunidad, el fútbol nos ha dado de comer, para estudiar y para poder trabajar en lo que nosotros amamos”, dice.
Su labor le ha permitido articular diferentes procesos sociales con niños, niñas, adultos mayores y jóvenes barras que han encontrado en el comedor comunitario su lugar seguro. “Hemos entendido que a través de esta postura de seguridad alimentaria pudimos encontrar otras dinámicas que nos permitieron recuperar este espacio para convertirlo en lo que es hoy”, añade.
Una premisa en la vida de este joven líder es aportar a la reconstrucción del tejido social en su comunidad. Con esa idea se levanta cada día, y desde las 5:30 de la mañana inicia su labor con toda la entrega y dedicación posible. Aunque hay ocasiones en las que siente que el día se queda corto para seguir fortaleciendo esos vínculos que se han gestado en su comunidad a través de la alimentación, al caer la noche reflexiona sobre esa gota que aporta en el mejoramiento de su entorno, y eso le genera paz. “Lo más significativo es hacer todo esto y llegar a tu casa y acostarse contento, tranquilo, porque tu día fue en pro de la vida”, comenta orgulloso de su labor.
Yonier demuestra que el aporte que realiza el programa de comedores comunitarios Corazón Contento va más allá de la búsqueda de contrarrestar el hambre, ya que este programa le apuesta también al fortalecimiento del tejido social en nuestra región. Es por eso que Yonier o Misterio, como le gusta que lo llamen, asegura que “Nutrilonchera, más que comida, entrega amor”.
El programa de comedores comunitarios Corazón Contento, convenio entre la Alcaldía Distrital, a través de la Secretaría de Bienestar Social, y la Arquidiócesis de Cali, por medio de la Comisión Arquidiocesana Vida, Justicia y Paz, alimenta diariamente a más de 85.000 personas en situación de vulnerabilidad en 21 comunas de la ciudad, además, incentiva la organización y el desarrollo de las comunidades.


